Una visita por Microteatro

El teatro se asocia con salas medianamente amplias y una trama que se desenvuelve en un tiempo promedio de una hora, que en algunos casos es ampliamente superado, y en ocasiones es menor. Lo que más me apasiona del teatro es esa cuestión de simultaneidad en que los actores crean algo y exponen sus cuerpos para contarnos un relato; ser testigo de cómo se conjugan distintos elementos que tienen que ver con la música, los objetos, olores y cuerpos en escena.

¿En algún momento presenciaste una obra de teatro donde la distancia con la escena sea mínima?  En Microteatro todo cabe en espacios reducidos, donde actores y público se mezclan.

Se cuentan historias en 15 minutos y todo cobra una relación de cercanía casi familiar que, cómo en una conversación cara a cara, te permite apreciar cada detalle gestual del actor. El público no puede superar las 15 personas porque el espacio es tan reducido que, simplemente, no caben más.

El Microteatro es una propuesta diferente que, luego de ser un éxito en distintas partes del mundo, llegó a Buenos Aires. Las obras acontecen de manera simultánea y en forma continua, hasta 6 veces por noche y todos los meses se renueva la cartelera. El lugar es en el barrio porteño de Palermo, en Serrano 1139, cuenta con seis salas y un bar para degustar, entre obra y obra, diferentes platos y bebidas.

El primer día que fuimos a Microteatro, con dos amigas, no sabíamos qué ver. Fue un sábado a las 21 horas, lo que se considera horario central, por lo cual no conseguimos entradas inmediatamente. Nos dijeron que quedaban disponibilidades a partir de las 23. Sin saber demasiado del tema, le pedimos a quien nos vendió las entradas que nos armara un “paquete de tres” y, mientras tanto, nos sentamos a cenar. El pedido lo tuvimos que hacer en la barra y lo llevamos a la mesa. El lugar resultó ser muy concurrido y, de tanto en tanto, nos cruzábamos a actores, algunos famosos y otros menos conocidos. La comida fue rica y a buen precio. Luego de reírnos y charlar un rato entramos a la primera obra.

Al ingresar nos ubicamos donde pudimos, algunos se tiraron en el piso y otros nos quedamos parados. La obra se llamaba Hoy voy a verla y describe la realidad de Dorita, una mujer grande que recibe una visita en el asilo donde se aloja, quien expresa sentimientos de angustiante soledad.

La pequeña historia captó todos mis sentidos, fueron quince minutos en los que me conmoví y hasta lloré con lo que estaba presenciando. Casi no tuvimos tiempo de secarnos las lágrimas que ingresamos directamente a otra, llamada Actualizados. Esta, en clave de humor, relata la vida de una pareja que organiza sus días de manera on line. Sus movimientos y gestualidades aparecen automatizados, y sus pensamientos pueden ser programados y reprogramados. Cambió en segundos nuestro ánimo y pasamos de lagrimear a reírnos sin parar.

Salimos y  esperamos un rato, esta vez en la puerta y, mientras una de nuestras amigas se fumaba un cigarrillo, entre risas intercambiamos opiniones sobre cómo había resultado para cada una estas primeras impresiones sobre Microteatro. Cuando quisimos acordar ya empezaba la otra, ni bien nos sentamos arrancó El árbol que tapa el bosque, una comedia extraordinaria sobre una madre que recibe a su hijo y nuera a festejar navidad en agosto. El público estalló en carcajadas durante los 15 minutos que duró la escena.

Finalizó la noche, y estábamos muy contentas por haber ido. Fue una experiencia, totalmente catártica de risas y llantos casi al mismo tiempo, que recomiendo vivenciar.