Bailando en una pata

La Renga, probablemente la banda más convocante del rock nacional, se presentó el 26 de agosto en el Estadio Tomas Adolfo Ducó, en la anteúltima de una serie de seis presentaciones que culminaron el miércoles 30.
Esta serie de shows significaron para la banda volver a Capital Federal tras diez años de ausencia. El sábado 26 el estadio lucía repleto, a excepción de algún pulmón despoblado a los costados del sector de plateas. Pero la verdadera fiesta estuvo en el campo.

El tiempo se presentaba hostil en la previa, pero las pasiones no se miden en probabilidades ni en escenarios adversos. El cuerpo es el que manda y toma la posta. Dos horas antes del show, el ingreso al predio era más calmo de lo esperado. La gran mayoría esperó los últimos minutos para entrar agolpada y bulliciosa, tal vez como presagio de lo que sería el show.
Ya el humo de los patys, los choris y las bondiolas, inundaban el aire de una falsa niebla que combinaba con el gris y las gotas en forma de rocío que cada tanto se anunciaban. Llegando al Estadio de Huracán podían verse los hermosos murales pintados para la ocasión. Porque La Renga es un hecho cultural que excede lo meramente musical.

Como bandas soporte se presentaron la potente Sick Porky, y una curiosidad que sorprendió (y malhumoró) a más de uno, Inazulina, banda de metal gótico liderada por Carolina Bakos, la esposa de “Chizzo” Nápoli, cantante, guitarrista y compositor rengo.
La organización fue más que aceptable, considerando el revuelo que generó el desembarco de una banda con semejante convocatoria, más aún luego de los trágicos hechos sucedidos durante la última presentación del Indio Solari.


MOTORALMAISANGRE
La banda de Mataderos inició su contundente show con Corazón fugitivo, tema de Pesados Vestigios, extendiéndose a 30 temas, contabilizando unas dos horas y media de riffs salvajes acompañados por la inconfundible voz de Chizzo. Le siguieron Motoralmaisangre, Canibalismo galáctico, Detonador de sueños y San Miguel (homenaje a un seguidor que murió por una bengala en el recital de La Plata de 2011).
El gran invitado de la noche fue Ricardo Soulé. El mítico integrante de Vox Dei puso su violín y voz para Sabes qué y Triste canción de amor.
Somos los mismos de siempre, El final es en donde partí y La razón que te demora fueron algunos de los clásicos con los que cerraron la primera parte del show.

Para los bises, y luego de un intervalo de 10 minutos, Masomenos blues, Psilocybe mexicana y El viento que todo empuja fueron fiel reflejo, como dijo Chizzo una de las pocas veces que habló en toda la noche, de los variados estilos musicales a los que puede hacer frente la banda, y salir airosa.
La inoxidable Hablando de la libertad, como en cada recital, fue la encargada de coronar el cierre. A esa altura el campo se había convertido en una verdadera marea humana, con banderas que iban y venían mezclándose entre sí. Marea que se hermandó también para gritar bien fuerte: “Santiago dónde está, Santiago dónde está”, en referencia a Santiago Maldonado, presuntamente detenido y desaparecido por la Gendarmería, el 1 de agosto en Chubut, luego una violenta represión a la comunidad mapuche de la zona.

La sensación que queda tras esta serie de shows es que, de no ser por el inicio del torneo de Primera División, La Renga podría haber seguido agregando fechas y agotando entradas a gusto y piacere. Volvieron para despertarnos de un sueño eterno. Señoras y señores, el banquete está servido y los mismos de siempre siguen y seguirán gozando en carne viva de este arte infernal.

 

Fotos: Guido Vassallo y www.larenga.com